Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
5-4).- MUJER TRABAJADORA Y NACION NO PATRIARCAL:
Desde el asentamiento definitivo del patriarcado en el Creciente Fértil, China e India, hemos asistido a una irregular expansión de la opresión de la mujer siempre en una estrecha relación con la expansión de la economía dineraria. Aunque existe una autonomía específica entre economía dineraria, la que nos remite en definitiva a los embriones de la mercantilización de las cosas, y relaciones patriarcales, la realidad es que esa autonomía, de un lado, tiende a desaparecer cuando las clases dominantes de la sociedad necesitan endurecer los mecanismos de opresión; de otro lado, tiende a estrecharse en la medida en que aumenta esa mercantilización y se estrecha precisamente incrementando la conversión de la mujer en una mercancía muy especial y única y, por último, cuando un modo de producción se agota y empieza a ser reemplazado por otro -proceso no automático ni lineal, y que puede detenerse, estancarse o retroceder- el que avanza y supera al viejo se apropia de algunas de las viejas relaciones patriarcales y las adapta a sus nuevas necesidades y crea otras que antes no existían, pero siempre, hasta ahora, aprovechando en beneficio de sus clases dominantes la opresión de la mujer.
A lo largo de este proceso, vemos que la mujer empieza siendo la "primera mercancía", aunque de una cualidad que ninguna más tendrá en los cuatro o cinco mil años de historia del mercado, es decir, del lugar donde se intercambian esas mercancías. De hecho, al ser la "primera mercancía", su manejo ha enseñado a los hombres que la convirtieron en su propiedad a convertir en otras "mercancías" a l@s esclav@s cogidos a la fuerza a otros pueblos o comprados o intercambiados, y después, en una cronología que no podemos precisar aquí, los hombres enriquecidos por ese comercio aprendieron a explotar y a oprimir a sus propios compatriotas, a la gente pobre de su pueblo que fueron transformados en clases oprimidas. Simultáneamente a esta evolución, esos hombres aprendieron a manejar el dinero y a medir las cosas en estrecha relación con la medición del valor de uso y de cambio de sus mujeres convertidas en "mercancía", además, también, de las lecciones que aprendían en sus relaciones con la naturaleza mediante la observación mediante el trabajo, observación que también dependía mucho del trabajo de las mujeres.
Tener presente este período muy corto en la evolución humana es necesario para comprender no sólo el papel de la mujer en general en la evolución colectiva, sino sobre todo de la mujer trabajadora en la evolución de su colectivo, de su propio pueblo y nación. Porque ese proceso también ha marcado profundas diferencias dentro de las mujeres, ya que mientras la mayoría de ellas, las trabajadoras vivían y viven oprimidas y explotadas, la minoría de ellas, las de las clases dominantes, vivían y viven subordinadas y sojuzgadas, pero con una nivel de opresión no comparable al de las clases trabajadoras. Tenemos el caso de la mujer burguesa que paga unos salarios de miseria y sin ningún derecho sindical ni social a las mujeres asalariadas que trabajan en su casa, que lavan y preparan las cosas, que tienen que aguantar en silencio las "bromas" y acosos de su marido e hijos, etc. Estas diferencias se agudizan incluso cuando las mujeres trabajadoras de un pueblo oprimido son, por ejemplo, golpeadas, vejadas, maltratadas, explotadas y denigradas por las mujeres del pueblo opresor que saben o intuyen que, según su posición de clase, extraen más o menos beneficios materiales y simbólicos de la opresión de ese pueblo ocupado y de sus mujeres trabajadoras.
Tener presente este proceso, además, es necesario para comprender que las mujeres oprimidas han recurrido con bastante más frecuencia de lo que reconoce la historiografía escrita por los hombres a todas las formas de lucha y de resistencia. Es muy abundante e irrebatible la bibliografía crítica que demuestra el conjunto de sistemas de resistencia pasiva, boicoteo pacífico, sabotaje invisible, ralentización del trabajo doméstico, incumplimiento de los "deberes conyugales", etc., de las mujeres en su vida "privada" y "pública". Igualmente abundan ya los estudios que demuestran que las mujeres se han movilizado en los talleres, en las fábricas, en las huelgas obreras, en los mercados y en todas partes en las que vendían y venden su fuerza de trabajo. Pero las mujeres también han recurrido a la violencia dura y desesperada para defenderse ellas mismas, a sus hij@s y a su pueblo. Una de las razones que explican el que desde los inicios del patriarcado todos los sistemas de propaganda y alienación insistiesen en el "pacifismo", "cobardía", "mansedumbre", "comprensión" y "espíritu dialogante y consensuador" de las mujeres es precisamente la que ocultar esa experiencia histórica y la de alienar y dominar a las mujeres jóvenes con esa propaganda para que ellas sí, a diferencia de sus madres y abuelas, sean "buenas madres".
Conociendo esta experiencia histórica es más fácil comprender el papel estratégico que juegan las mujeres trabajadoras en la lucha de emancipación de sus pueblos. De hecho, en Euskal Herria, han jugado un papel estratégico pero invisible en las largas décadas de dictadura, en los años de guerras y en los años de "democracia" impuesta. En Euskal Herria, concretamente, sin la presencia activa de las mujeres en multitud de prácticas colectivas e individuales, sin ellas nunca habríamos llegado al nivel actual de construcción nacional vasca. Visibilizar ese papel es una de las primeras urgencias del feminismo abertzale pero no la única, como veremos. A lo largo de las páginas precedentes hemos insistido en la capital importancia de que las luchas y las prácticas de las mujeres salgan cuanto antes a la luz pública, a la calle, al debate y acción colectiva. Hemos insistidos en eso porque una de las obsesiones históricas de las relaciones patriarcales desde hace 5.000 años hasta ahora es la de ocultar a la mujer siempre que puede, y cuando no puede hacerlo, por causas mayores, trivializar, desprestigiar y ridiculizar esa presencia para que aun siendo pública se desconozca su real aportación a la vida colectiva.
Salir a la luz pública supone, desde la realidad de una nación ocupada, asumir que la mujer trabajadora tiene cosas de decir y reivindicar sobre todas las cuestiones; más todavía, tiene que decir las últimas y decisivas palabras sobre todas esas cuestiones. La mujer trabajadora ocupa en todas las sociedades el último escalón de la jerarquía explotadora y opresora, debajo suyo no hay nadie; y cuando esa mujer está además oprimida nacionalmente entonces soporta sobre su cuerpo la cualidad irrenunciable de ser el último del último eslabón de la cadena de extracción de plustrabajo material y simbólico, global, que recorre toda la sociedad. Ya se trate de la mujer inmigrante que debe sufrir todas las privaciones y encima debe aguantar -al margen ahora del grado de consciencia crítica que haya adquirido de su injusta realidad objetiva- las tradiciones que le dan el poder a su marido, o ya se trate de la mujer trabajadora de la nación oprimida que debe atender a todas sus tareas pero también, si ella misma no está en la cárcel o en el exilio, debe atender a las consecuencias derivadas del encarcelamiento, exilio o muerte de algún/a pariente direct@ o amig@. En este caso como en todos los demás, es la mujer trabajadora la que asume el grueso de las tareas añadidas por la lucha contra la opresión nacional, del mismo modo que las fuerzas de ocupación aplican contra ella torturas especiales que demuestran el contenido sexista del nacionalismo patriarco-burgués del Estado ocupante.
Además de la visibilización de la mujer trabajadora en todas sus decisivas aportaciones, hay que avanzar tanto en la crítica del contenido patriarcal de la sociedad presente como en el contenido patriarcal del mensaje y del proyecto independentista. Antes de seguir, hay que ser conscientes de que sin esa visibilización no tendrán apenas efectividad el resto de tareas porque si ya en sí la mejor pedagogía es la práctica y el ejemplo directo, en la liberación de la mujer dicha lección adquiere todo su significado. Muchos hombres que se creen progresistas y "anti-machistas" lo son en la medida en que no deben enfrentarse a la lucha de las mujeres que conocen personalmente y de las que extraen directa o indirectamente algunos beneficios que perderían o que tendrían que compensar con cesiones propias si esas mujeres se emanciparan realmente. En estos como en otros muchos, la mejor y única ala larga solución concienciadora es la práctica de la emancipación y el poner en el brete al hombre concreto o al opresor en general. Pero si la lucha es la mejor pedagogía siempre, tanto más lo es cuando se trata de aumentar la conciencia de otras mujeres que están alienadas por las razones vistas.
Pues bien, la denuncia de la sociedad patriarco-burguesa no será completa ni radical si no se atacan los beneficios materiales y simbólicos que extraen los hombres de las mujeres en general y la clase burguesa de las mujeres trabajadoras en especial. Un error grave que puede cometer el feminismo abertzale es prestar más atención a las críticas culturalistas, ideológicas, normativas y demás que hacen las corrientes feministas reformistas. No negamos la valía y necesidad de tales denuncias, pero insistimos en que deben referirse siempre a sus relaciones de dependencia para con el proceso de extracción de un plustrabajo material y simbólico, afectivo, sexual, etc. En el capitalismo actual las situaciones denunciadas por esas corrientes tienen una importancia grande y en algunos problemas atañen a situaciones tremendamente injustas, pero en la medida en que no son integradas en una totalidad en la que lo decisivo en última instancia es la extracción de ese plustrabajo global de la mujer por el hombre, en la medida en que no cuestionan en última instancia que el capitalismo ha convertido a la mujer en una mercancía como nunca antes lo habían hecho otros modos de producción, o sea, dado que no van al centro del problema, siempre dejan abierta la ventana para que por ella se cuelen las propuestas patriarco-burguesas de reformas que palien, reduzcan o incluso endulcen la opresión, pero sin suprimirla. Y por reducida que sea esa ventana, la burguesía, si quiere y necesita, se cuela por ella.
Se trata, en definitiva, de demostrar que, de un lado, si no se acaba con el valor de cambio de la mujer no se supera históricamente el sistema patriarco-burgués; de otro, que siempre que se siga planteando esa lucha dentro de la esfera de la circulación, es decir, en los marcos que conciernen a los derechos formales, a las condiciones de venta de la fuerza de trabajo, a las condiciones de trato y respecto cotidiano, a las condiciones de educación, etc., siempre que se siga sólo y exclusivamente por ahí, no se llegará nunca al centro del problema que no es otro que el que las mujeres sean las propietarias de sus cuerpos y de sus capacidades de producción psicosomática, es decir, se pase a denunciar la propiedad patriarco-burguesa de las fuerzas productivas globales de la mujer; además, que ese ascenso de la crítica de la esfera de la circulación a la crítica de la propiedad privada masculina de la esfera de la producción debe ir unido a una crítica de las instituciones que legitiman esa propiedad privada masculina del cuerpo y de la mente de la mujer. De lo contrario, además de empezar la casa por el tejado, criticando primero los efectos y el tejado y no las causas y los cimientos de la casa, se permite un vital de tiempo de reflexión al poder existente, reflexión que le permite retomar la iniciativa y contraatacar.
Un ejemplo de esto lo tenemos en que son los hombres y las grandes transnacionales capitalistas las que controlan y dirigen según sus intereses concretos los avances en biotecnología y en la industrialización capitalista de la vida en el planeta, incluida la humana. Hemos puesto este ejemplo porque indica cómo mientras el feminismo reformista plantea reivindicaciones sobre derechos en los que estamos de acuerdo, sin embargo apenas presta atención a cómo el sistema patriarco-burgués está industrializando ya sin tapujos la esencia misma de la mujer, su capacidad de producir vida. Hasta ahora, los sucesivos sistemas patriarcales expropiaban a la mujer de esta capacidad mediante la violencia, la alienación religiosa, el engaño científico u otros métodos, pero desde hace una década el capitalismo ha pasado a industrializar la producción de la vida como una mercancía más. Aunque estamos en los inicios de este salvajismo, las denuncias ético-morales que reclaman "controles democráticos" y la supeditación de la industria biotecnológica a unos acuerdos políticos y bioéticos, estas denuncias bienintencionadas jamás detendrán la industrialización de la vida para acelerar el tiempo de rotación del capital y con él, su valoración. Una vez más, no negamos la importancia de elaborar una bioética no patriarco-burgués que, junto a otras conquistas, intente controlar en lo posible la voracidad burguesa. Pero eso no es lo decisivo aunque sea importante, porque lo esencial radica en que no sea la burguesía la propietaria de la industria de la vida, sino en que lo sean las mujeres y además en otro modo de producción -el comunista- en el que la industria en modo alguno sea como lo que ahora es, sino lo contrario.
Precisamente este ejemplo nos permite dar ya el paso a las aportaciones críticas del feminismo abertzale al modelo de construcción nacional, al independentismo socialista abertzale y antipatriarcal. La primera debe consistir, a nuestro entender, en que se ha de dar una revaloración cualitativa de la mujer trabajadora en la vida práctica y teórica, no sólo en la imagen propagandística -en la foto- sino fundamentalmente en las estructuras organizativas y en la elaboración del pensamiento abertzale. Sin este primer paso, no se avanzará en los siguientes porque la resistencia masculina abertzale empieza ante la presencia misma de la mujer en las billeras, y se endurece cuando esa presencia comienza a expresar su pensamiento, sus ideas y sus reivindicaciones. No tiene porqué ser una resistencia abierta, notoria y pública. Llega a ser peor y más dañina porque es una resistencia burocrática, pesada, estructural, que surge de las inercias de los aparatos y de la forma patriarcal de "hacer política"; una resistencia que se endurece cuando las mujeres comienzan a autoorganizarse y a pensar por su cuenta y para sus intereses.
La segunda aportación crítica ha de ser la de apostar por la iniciativa de la mujer abertzale en todas aquellas formas de actuación que hasta ahora se creían exclusivas de los hombres. El patriarcado ha insistido siempre en la "docilidad femenina" y en la "virilidad masculina", y sólo cuando le han hecho falta mujeres para ayudar a la guerra e incluso para participar activamente en unidades selectas, cosa cada vez más frecuente, ha reconocido su eficacia. No se trata sólo de que algunas mujeres abertzales actúen en tal o cual forma de resistencia, etc., sino que el independentismo abertzale defienda y muestre que la mujer es capaz de defenderse en su vida pública y privada sin esperar ni depender del hombre, sea capaz de tomar la iniciativa en la autodefensa, de autoorganizarse y de llegar a la independencia teórica y práctica en su militancia reivindicativa. Este paso también es decisivo dentro y fuera de la izquierda abertzale, porque rompe de cuajo uno de los mitos básicos de todos los sistemas patriarco-clasistas cual es el de la incapacidad de la mujer para sentir emocionalmente la necesidad de autodefensa, que no sólo para reaccionar puntualmente en un caso excepcional de agresión a sus hij@s respondiendo a su supuesto "destino" en el sentido aristotélico, o a su "naturaleza" e "instinto maternal" en el sentido del pensamiento patriarco-burgués. Hay que decir que toda la vida de la mujer, desde que nace hasta que muere, desde que se despierta hasta que se duerme, e incluso cuando duerme atemorizada por la violencia machista, está afectada y terriblemente limitada por esta mentira interesada del patriarcado.
La tercera es la necesidad de superar el pensamiento patriarcal en sí mismo y la urgencia por empezar a utilizar un lenguaje no sexista, no patriarcal, que no sólo no burgués ni franco-español. Todo lenguaje es un instrumento de opresión o al contrario, de emancipación. No existe lenguaje neutral, aséptico, libre de connotaciones subjetivas y normativas, incluyentes y/o excluyentes, sin cargas ni contenidos sexistas, nacionales y clasistas. Y el que un lenguaje, como la cultura y la identidad que estructura, tenga más o menos carga reaccionaria y autoritaria, o más o menos carga emancipadora y libertadora, depende de la historia de la lucha de clases, de genero y de identidad nacional-cultural que se hayan mantenido en ese pueblo. Por eso es imprescindible estudiar y aprender ese lenguaje, y usarlo en sus contenidos emancipadores a la vez que se depuran y abandonan sus cadenas reaccionarias. Mas siendo esto cierto, en el caso de la opresión de la mujer el problema se complica porque el lenguaje ya está cargado desde el triunfo del patriarcado en ese pueblo, y a partir de ahí toda la elaboración posterior se ha realizado usando un instrumental lingüístico-cognoscitivo ya previamente contaminado o definitivamente podrido por las relaciones patriarcales. No por suerte sino precisamente gracias en buena medida a la lucha de las mujeres en el complejo lingüístico-cultural euskaldun se mantienen activas viejas formas que deben ayudar mucho a la lucha lingüístico-cultural, que es una de las luchas políticas y de género decisivas.
La cuarta es la exigencia de que en todas las elaboraciones teóricas y en todas las propuestas abertzales ha de estar recogida la inevitable y objetiva presencia de la mujer en ese problema concreto. Este punto es delicado porque, de un lado, la práctica totalidad de los hombres y la mayoría de las mujeres desconocen que no existe ningún problema social, económico, político, tecnocientífico, urbanístico, sanitario, cultural, deportivo y un largo etcétera que no tenga una repercusión directa o indirecta sobre las mujeres. Del modo en que no existe lenguaje neutral tampoco existe ningún problema social que no tenga efectos sobre la mujer, efectos mayormente contrarios a la mujer. La insistencia que damos a la visibilización de la mujer parte, además de otras cuestiones, de este principio apodíctico, incuestionable desde una teoría revolucionaria. Ahora bien, reconocer esta realidad exige una preparación teórica y práctica capaz de descubrir esos efectos en contra de la mujer en todos los problemas, y llevarlos de inmediato a los programas prácticos. Aquí lo teórico, que siempre nace y se alimenta de lo práctico, demuestra su enorme importancia porque solamente esa espiral inacabable práctica-teoría-práctica.... permite descubrir y luchar contra esos problemas. Desgraciadamente, la izquierda abertzale no ha adquirido todavía esa capacidad.
La quinta es la preparación teórica de la izquierda abertzale para conocer y denunciar la industrialización capitalista de la vida. Hay que partir de la base de que sólo muy recientemente la izquierda más preparada en la crítica revolucionaria de la tecnociencia capitalista ha tomado consciencia de la escalofriante gravedad de esa industrialización porque se trata de un peligro aparecido hace una década pero que se acelera y crece exponencialmente. Hay que ser conscientes de que con la industrialización de la vida se habrá dado un paso terrible en la mercantilización definitiva de la materia y por tanto en la alienación objetiva y subjetiva de nuestra especie. Naturalmente, las primeras y esencialmente afectadas son las mujeres y con ellas, todos los demás. Pero criticar la industrialización de la vida mediante la subsunción en el capital de la tecnociencia y en especial de la biotecnología exige imperiosamente desarrollar una crítica feminista de la tecnociencia realmente existente en cuanto instrumento de poder patriarco-burgués. Y una crítica así ha de ser a la vez una demanda urgente por la independencia estatal de Euskal Herria y por que ese poder popular asegure las investigaciones propias y las relaciones internacionales suficientes para dotarnos de un sistema socialista -en su primera fase- garantizador de los derechos de la mujer a su propio cuerpo.
La sexta y última aportación es -debe ser- un enriquecimiento de la anterior en el sentido de que ese paso socialista en la expropiación de la propiedad privada masculina del cuerpo de la mujer es -debe ser- sólo eso, un paso más en un proceso que concluye -debe concluir- en la extinción histórica del valor de cambio de la mujer trabajadora, es decir, en la extinción histórica de la "mercancía-mujer". Tal logro es -debe ser- simultáneo al de la extinción histórica de la ley del valor-trabajo porque ésta, como hemos intentado explicar, es la que regula y refuerza la mercantilización de la mujer. Naturalmente, la ley del valor-trabajo no será echada al basurero de la historia si a la vez no se acaba con el modo de producción capitalista, sustituido y superado por el modo de producción y distribución comunista. La aportación crítica cualitativa del feminismo abertzale se resume, en definitiva, en la certidumbre de que Euskal Herria nunca será independiente y libre si la mujer vasca sufre algún grado de opresión, y la liberación de la mujer es inseparable de la superación histórica del sistema patriarco-burgués y del modo de producción capitalista. Así, emancipación de la mujer, independencia no patriarcal y comunismo forman una unidad que surge de la lucha contra la opresión nacional y social de género que sufre Euskal Herria.
EUSKAL HERRIA
2000-11-08
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